Victoria de las que alimentan la confianza y ponen las
cosas en su sitio. El San Fernando entendió perfectamente lo que había en
juego, mostró seriedad, minimizó las virtudes del filial algecireño y
multiplicó las propias. Dominio, circulación, profundidad y un catálogo
interminable de ocasiones. Chust abrió la puerta, Lacida la dejó encajada y
Juanje la cerró. Veintidós puntos en el zurrón (ya que se jugó en Los
Pastores). El equipo estuvo acompañado, como siempre, de un notable grupo de
aficionados, que tampoco quiso perderse la función. Regresaba a la titularidad
Dieguito, que siempre da gusto tenerlo de vuelta, mientras Fran Guerrero se
estrenaba con la azulina. Antes de que echara a rodar el balón, un minuto de
silencio sepulcral en memoria de las víctimas del trágico accidente
ferroviario. El fútbol también sabe guardar silencio.
El equipo de Jaime Bugatto salió exhibiendo sus
credenciales, esas que le han llevado a ganar la mayoría de los partidos:
presión alta, intensidad, el balón como pareja inseparable, líneas muy juntas,
solidaridad en el esfuerzo y una capacidad casi enfermiza para generar
ocasiones. Hablar de las virtudes del Club Deportivo nos daría para tres
contracrónicas más. Pero vayamos al grano.
El conjunto isleño arrancó asustando al rival. Y más en
estas fechas. A los cinco minutos, un taconazo de Jesús Alfred dejó a Dieguito
en inmejorable posición para marcar, pero perdonó con todo a favor. Cuatro
minutos después, Chust estrelló el balón en el larguero y el balón botó sobre
la Línea, aunque estuviéramos en Algeciras. Pa tirarse de los pelos. Al cuarto de hora, Dani Herrera se topó con
más madera, esta vez la del poste. Los palos parecían estar bajo los efectos de
alguna maldición. El San Fernando buscaba las cosquillas a la defensa
algecireña con balones largos sobre Jesús y Dani Herrera, con Rafa ejerciendo
de particular quarterback desde la portería. El Sanfer movía el balón
con criterio, encontraba espacios y empezaba a convertir el choque en un
monólogo. Seguían las ocasiones de Jesús y Chust, tras un centro magnífico de
Fran Guerrero. La puntería estaba de vacaciones.
. . Y de repente, en noviembre, y a la
fresquita, pausa de hidratación. En la primera parte, sí, un isotónico, pero en
la segunda, directamente un colacao.
La nota amarga
llegó en el 38', cuando Montesinos tuvo que abandonar el terreno de juego tras
recibir un doble golpe: rodilla y espalda. Hasta ese momento, fantástico en su
banda. ¡La maldición de los laterales! Trabazo entró en su lugar para ocupar el
lateral derecho.
Y cuando parecía que los equipos se marcharían a
vestuarios con el marcador inicial, apareció Chust para romper el hechizo. Con
el alma, y de cabeza, Alberto encontró por fin el camino de la red. El
guardameta algecirista había acumulado tanto trabajo durante la primera mitad
que estuvo a punto de solicitar la baja por estrés. Al descanso, 0-1.
La segunda parte fue un copia y pega de la primera.
Miguelito comenzó liándola junto a la línea de cal, con ese desparpajo que
lleva de serie. En el 53' llegó prácticamente la primera intervención de Rafa
ante un disparo con cierto peligro, que resolvió sin complicaciones. Poco
después, Dieguito buscó las telarañas de la escuadra en un lanzamiento de falta
directa.
Bugatto apretó el
botón de F5 para refrescar, sobre todo la línea de ataque: piernas frescas con
Lacida y Carlos Muñoz. Increíblemente, a
pesar del dominio y oportunidades, un exiguo 0-1. El equipo apretó aún más el
acelerador y merodeó el gol con más y más ocasiones.
Hasta que llegó el minuto 73. Pablo Jiménez decidió
caminar por el alambre sin red, preguntó a su rival ¿truco o trato? y se la
sirvió con lacito a Antoñito Lacida que culminó la jugada con un golazo. Era el
tranquilizador 0-2. ¡Suspiro!
Juanje y Pedro Carrión (juventud,
divino tesoro) entraron por Chust y Fran. Si alguien pensaba que el partido ya
tenía echado el candado, va Juanje y suelta un latigazo desde su casa de La
Isla para hacer subir al marcador el definitivo 0-3. El regreso del capitán no
pudo tener mejor reconocimiento.
El filial algecirista todavía tuvo tiempo de comprobar si
conservaba algo de pólvora, pero su intento acabó estrellándose en el larguero.
Ya era demasiado tarde para resucitar. Es más, el Club Deportivo tuvo más
ocasiones para ampliar la cuenta.
Halloween ya quedó atrás, pero este San Fernando sigue
dando miedo y duerme solito con el pijama de líder.
