En el Parque de los Patos, donde
ya no quedan patos, pero quedó para siempre alma y pasión de una afición enamorada de sus
colores y su Club Deportivo. Monchi llegó sin flashes de Premier League, ni el
aura de quien ha manejado millones de euros en grandes clubes. Venía a pecho
descubierto y con un trolley lleno de sueños azulinos que otros malhechores rompieron.
Porque hay amores que no se
explican, se sienten. Porque hay amores que se sienten como un gol en el minuto
94. El tuyo, el mío y el de Monchi. Volver donde todo empezó. Un club, tu club, pero que también es hogar, identidad,
legado. Eso nos recuerda que los grandes gestos casi nunca llevan corbata y
traje chaqueta: a veces llevan bandera y bufanda al hombro. La ciudad, que
reconoce a los suyos, se volcó sin condiciones.
Gracias, Monchi. Gracias, afición
azulina. Gracias, Ayuntamiento de San Fernando. Por recordarnos que ser del San Fernando es un privilegio. Y por
demostrarnos, con hechos y no palabras en vano, que todavía quedan locos de la
cabeza que lo dejan todo por cuadrar el círculo de la vida.
En el
Parque de los Patos ya no quedan patos, pero desde que tú regresaste, sobran razones
para creer. Y para seguir creyendo.
Un año ya.











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