𝗖𝗗 𝗦𝗮𝗻 𝗙𝗲𝗿𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝟰 – 𝗨𝗗 𝗧𝗲𝘀𝗼𝗿𝗶𝗹𝗹𝗼 𝟭
Quinta victoria consecutiva del Club Deportivo San Fernando, esta vez ante la UD Tesorillo (4-1), en una víspera del Pilar con calor más propio de agosto que de octubre. Al fondo, las obras de demolición dibujaban un paisaje casi bélico, mientras sobre el césped los azulinos seguían construyendo su particular zona de confort. Dos novedades en el once: Pablo Jiménez y Chust.
El Club Deportivo salió con el café cargado y sin azúcar. Apenas se había acomodado la grada cuando Dani Herrera ya había sacado la caña para pescar el 1-0. El Tiburón rompía su particular escalera goleadora —cinco, cuatro, tres, dos y ahora uno—, aunque sus números siguen siendo de otra galaxia: 15 goles en cinco partidos, a tres por jornada. El San Fernando había salido dispuesto a resolver por la vía rápida. Atacaba por oleadas, como en la playa de Camposoto con pleamar. Después llegó la calma chicha, ese momento en que el equipo se echa la siesta con un ojo abierto. Dani rozó el segundo de cabeza, pero el Tesorillo aguantaba como gato panza arriba y enseñando las uñas. La ocasión más peligrosa de los visitantes encontró respuesta en Mario López que apareció para robarle la cartera y el móvil al delantero visitante en un atraco sin violencia, cuando se plantó en un mano a mano. Ni siquiera le dejó el DNI para que pudiera denunciar.
El portero del Tesorillo también se ganó los aplausos con una salida valiente hasta las inmediaciones del centro del campo. Le faltó poco para pasarse por las oficinas y hacerse socio.
La primera parte terminó como el champán: mucha burbuja al principio y menos gas al final. Con el Tesorillo resistiendo, arañando cuando podía y tratando de sobrevivir al empuje local, el marcador se fue al descanso sin cerrar, que es una manera muy fina de decir que quedaba tela por cortar.
Pero el San Fernando volvió del descanso con las pilas cargadas. Si en la primera parte había golpeado casi de salida, en la segunda repitió la fórmula. “Super Mario López” regateó rivales y se abrió paso hasta la cocina, el cuarto de baño y pidió las llaves del garaje para servir un centro magnífico. Chust apareció para culminar la jugada y mandar el balón a la red (2-0).
Pablo Jiménez, titular por primera vez esta temporada, dejó una buena acción individual, aunque perdonó en la definición. También Jesús Alfred, recién ingresado dejó su tarjeta de visita, asistió a Dani Herrera, que esta vez se encontró con el larguero. Al Tiburón se le escapó el pez del gol por unos centímetros. Y cuando todo parecía controlado, Ali aprovechó un desajuste defensivo para firmar el 2-1 en el 61’. ¿Susto? A lo sumo, un sobresalto. La respuesta azulina no tardó en llegar. En el minuto 66, penalti claro sobre Jesús Alfred. Pedro Carrigol asumió la responsabilidad y transformó la pena máxima con la serenidad de quien consulta el móvil sentado en un banco del parque. El 3-1 devolvía la tranquilidad a la grada y hacía justicia a la superioridad isleña. Los 2.056 espectadores respiraron aliviados.
El partido entró entonces en una fase de mayor tensión. El marcador no admitía demasiadas dudas, pero sí hubo momentos de nervios, alguna entrada subida de tono y cuentas pendientes. El Tesorillo trataba de mantenerse en pie y el San Fernando buscaba el golpe definitivo. En el 80' llegó otro penalti, acompañado de la expulsión de un visitante. Fue un cumple con gol, un regalito en forma de penalti y sin papel de envolver. Carlos Muñoz hizo el 4-1, dejando claro que el mejor modo de celebrar los años es sumando goles en lugar de velas. Hubo tiempo para dar los primeros minutos “de recreo” a Óscar Montesinos en su primer día “de cole”. Con tiempo para la última, Antoñito Lacida, en un doble remate, se encontró con el poste. Hoy el palo hizo horas extras.
El pitido final confirmó el 4-1. Cuatro goles, cinco victorias y un Tiburón que no deja de morder. El San Fernando sigue lanzado.

















