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martes, 11 de noviembre de 2008

DÉDALO E ÍCARO A LA ISLEÑA

El riojano D., cansado por el largo tiempo que llevaba con negocios en San Fernando, tras haberlo pasado mal por Linares, decidió salir del lugar con verdadero odio. Los negocios oponían a sus deseos un obstáculo invencible.

“Si el CDSF – dijo un día – me cierra las puertas por culpa de unos malditos pagarés, no conseguirá cerrarme el camino por los aires. Buscaré un camino a través de las alturas del reconocimiento de deuda con el objetivo de apoderarme del CD San Fernando.”

Pensando así, D. ideó un proyecto como jamás hombre alguno pudo concebir en tierras de la Real Isla de León. La idea consistía en coger dos pagarés de cera, pegarlos en forma de alas de aves y a través de ellas salir del laberinto donde se había metido y adentrarse en territorio azulino.

Acudió a su hijo, el barbudo lagarterano S. Ambos, padre e hijo, sabían bien lo que maquinaban: la perdición y ruina del CDSF. Decidieron hacer finalmente un ensayo en noviembre. D. llamó a su hijo S. y le habló así:

“Ten cuidado, angelito, de volar siempre a una misma altura, sin bajar demasiado, pues los aficionados advertirán tus intenciones. Si te elevas en exceso, el calor de la Asamblea de socios isleño te podría quemar. Mantente siempre en medio de los dos. Sobre todo no te aproximes por el estadio Bahía Sur ni por la calle Real. Ah, y no pierdas de vista el Foro”.

Le ató bien atado los pagarés como alas, temblando de emoción y con lágrimas de alegría en los ojos (y dinero en los bolsillos). Le explicó brevemente cómo debía negociarlos. Le abrazó y comenzó a volar por los cielos azulinos, como el pájaro que es. Así enseñó D. a su hijo el peligroso arte de volar, o darse el vuelo.

Tanto socios como aficionados, quienes anteriormente les habían adorado como dioses, se quedaron sorprendidos ante la visión de aquel prodigioso vuelo de S. por tierras isleñas.

Sin embargo, el calor de la afición, que son un sol de afición, derritió la cera de los pagarés y cayó a la playa de Camposoto.

Los proyectos de volar por San Fernando con pagarés y reconocimientos de deuda se quedaron en aguas de borraja de Camposoto.

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

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