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domingo, 27 de marzo de 2011

PEPÍN .... EL REY LEVANTINISTA DESTRONADO


Hace unos días un periodista del periódico Las Provincias, concretamente Alberto Martínez, se puso en contacto conmigo porque le habían dicho que yo le podía ayudar. Buscaba a Pepín, mítico delantero del Levante UD, hasta hace unos días máximo goleador de los azulgranas en una temporada, siendo rebasado por Caicedo.  Tras pasarle su número telefónico, he aquí la publicación digital de la entrevista en el citado periódico.
Desde la localidad gaditana de San Fernando, Pepín vive con atención el día a día del Levante. Los 756 kilómetros de distancia que hay desde su hogar hasta la casa azulgrana, que siente como suya, no le impiden ejercer el sentimiento granota. Y, en las últimas semanas, sin comerlo ni beberlo, a sus 71 años, este ex futbolista está muy presente en Orriols. Sus números, dignos de mención, hicieron historia de oro. Es un hombre-récord, aunque ahora su marca ha sido superada por Felipe Caicedo.
José Sánchez Benítez, más conocido como Pepín, es una leyenda levantinista. Él era el máximo goleador en una temporada en Primera de toda la historia del club. Hasta que ha aparecido el ecuatoriano. El undécimo gol en Liga que marcó Caicedo ante el Espanyol deja en un segundo plano la decena que sumó el andaluz en la campaña 1963-64. Lejos de sentirse con el honor tocado, celebra el nuevo registro. «Me alegraría que me pasara pero no por un gol, sino por unos pocos. Yo he tenido mi época y estoy orgulloso de haber llegado a esa importante cifra en la élite y de que me recuerden. Pero ojalá marque muchísimos por el bien del equipo, porque eso será positivo para que se mantenga», asegura a LAS PROVINCIAS, consciente de la lesión que ha sufrido el sucesor de la corona. «Lo malo es que ahora el pobre se ha lastimado. Es una pena porque es una baza importante».
Cuando Pepín se enteró de que su nombre volvía a salir a la palestra se quedó alucinado. «Un día llegó mi hijo y me dijo: 'Mira papá, que en el periódico hablan de tí'. Yo le respondí: '¿Cómo? ¿Por qué?'. No tenía ni idea...». Aunque ser el primero en la lista de artilleros le llenaba de ilusión, haber perdido el puesto no le provoca nostalgia.
Pepín y Caicedo, el gol del ayer y del hoy, representan dos formas muy distintas de llevar el balón a la red. «Somos diferentes. Este es más de área y yo era más de arrancar desde atrás. Él, en cambio, hace la función de recibir balones aprovechando su cuerpo y su potencia. Eso lo hacía en mi equipo Diego Torrents», recuerda.
Habla con enorme cariño sobre las dos temporadas que pasó en el Levante. Aterrizó en un conjunto azulgrana recién ascendido. Por primera vez en su historia, el club ponía pie en Primera. ¡Eureka! Y Pepín salió del San Fernando, que estaba en Segunda, para cumplir su sueño. Cuando ahora, desde su sofá, enciende la televisión para seguir los encuentros de los de Luis García, se conmueve. «Lo veo todos los fines de semana y me emociono porque pasé años muy bonitos y además estaba recién casado».
Echa la mirada atrás y dibuja una tierna sonrisa. «Tengo muy buenos recuerdos de Valencia, del Levante y, sobre todo, del campo de Vallejo, con sus sillas de madera...», rememora Pepín. «El equipo que más me ha calado es el Levante. Y jugar en Primera fue lo más bonito. He visitado campos como el Bernabéu o el Camp Nou. Mi debut fue en Mestalla. Por lo menos me vieron en Primera y por la tele».
La clave del éxito de aquel grupo, la unión. El mismo concepto que ha elegido actualmente el club para componer su grito de guerra. «Nos llamaban 4X4, como a los todoterreno, porque siempre quedábamos 4-4 en los partidos. Éramos una piña. Antes de salir al campo nos reuníamos en el vestuario, hacíamos un círculo, poníamos las manos y rezábamos. El primero que la ponía era el entrenador, Quique».
Pepín, Domínguez, Pedreño, Wanderley... Todos ellos demostraron que la salvación es posible. Y con comodidad. «Es una satisfacción que un equipo que no tenía el potencial de otro fuera así de bien». Finalizada su etapa en el conjunto azulgrana, ya no regresó a Primera. «Me llamaron del Murcia pero mi mujer no quiso. Me dijo: 'Ya no hago más viajes, basta ya de ir de aquí para allá'. Yo le respondí: 'Vale hija, lo que tú quieras'».
Es un hombre reputado en San Fernando. Hace 38 años, montó una sauna en la ciudad y luego la reconvirtió en un centro estético. Aunque continúa ejerciendo laborares de administración, la empresa la ha heredado su hijo Orlando, quien ha llevado la sangre valenciana a la familia. Casualidades del destino, este joven ha convertido a Pepín en consuegro de una defensa del Levante de aquella época. «Está emparejado con Sole, hija de Victoriero. Éramos amigos. Desgraciadamente, murió mientras jugaba a fútbol sala. Le cayó un jugador encima y le reventó».
Tiene dos vástagos más, Fran y Natanael. Además, perdió a otro. «César falleció jugando a fútbol. Ni había empezado el partido... Estaba calentando y sufrió un aneurisma». Pepín ha conocido de cerca el lado amargo de la vida. A base de coraje, ha seguido hacia delante. La familia, los amigos, el negocio y, por supuesto, el balón son su mayor ilusión. El Levante le regaló sus mejores años como futbolista. Y él regaló al Levante unos números para la historia.

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